miércoles, 27 de agosto de 2008

Juana Azurduy, la que lo dio todo.

La lucha de las mujeres fue fundamental en las guerras por la independencia de esta parte de América. Una de ellas llegó a comandar tropas en las vanguardias de las fuerzas patriotas y se destacó por su coraje.

Felipe Pigna, historiador. fpigna@clarin.com

Qué bueno que el nombre de una mujer remita a canción y a poema gracias a aquel maravilloso trabajo de Félix Luna y Ariel Ramírez, "Mujeres argentinas" que inmortalizó la querida voz de Mercedes Sosa. Aquellas melodías y palabras permitieron que muchos argentinos se anoticiaran de la existencia de una extraordinaria luchadora que lo dio literalmente todo por la independencia de esta parte de América.

Y nunca es en vano recordar que la lucha de las mujeres fue fundamental en aquella guerra gaucha, esa guerra corajuda y desigual que se libró sin recursos pero con mucho ingenio y una audacia sin límites. De un lado los ejércitos del rey, los mismos que venían de vencer a Napoleón. Del otro, un pueblo decidido y comandado por gente que no hacía gala del ejemplo, lo ejercía. Aquellas mujeres no solamente eran excelentes espías y correos sino que algunas de ellas, como doña Juana Azurduy, comandaban tropas en las vanguardias de las fuerzas patriotas. Esta maravillosa mujer había nacido en Chuquisaca el 12 de junio de 1780, mientras estallaba y se expandía la rebelión de Tupac Amaru.

Su familia la pensó monja y ella se pensó libre. Ganó Juana y hubo que sacarla del convento de Santa Teresa, según el parte de la Madre Superiora, por su irreductible conducta altiva. Afuera la esperaba la lucha y el amor de la mano del comandante Manuel Asencio Padilla, aquel que le contestaba al general Rondeau: "vaya seguro Vuestra Señoría de que el enemigo no tendrá un solo momento de quietud. Todas las provincias se moverán para hostilizarlo; y cuando a costa de hombres nos hagamos de armas, los destruiremos. El Perú será reducido primero a cenizas que a voluntad de los españoles"(1).

Juana era lo que se dice una revolucionaria de la primera hora. Participó con Padilla en la revoluciones de Chuquisaca y La Paz en 1809, y un año después alojó en su casa a Juan José Castelli, uno de los comandantes de las tropas patriotas que iba a cumplir su sueño de hacer la revolución en el Alto Perú. Juana colaboró hasta con lo que no tenía para abastecer a las tropas libertadoras que venían desde Buenos Aires. Tras la derrota de Huaqui los realistas lograron rodear su casa en la que resistió como pudo junto a sus hijos, hasta que Padilla en una acción absolutamente temeraria logró liberar a su familia. Juana ayudó a crear una milicia de más de 10.000 indios y comandó varios de sus escuadrones. Libró más de treinta combates, siempre a la vanguardia, haciendo uso de un coraje desmedido que se fue haciendo famoso entre las filas enemigas a las que les había arrebatado personalmente más de una bandera y cientos de armas. Su accionar imparable permitió recobrar del dominio español las ciudades de Arequipa, Puno, Cuzco y La Paz.

La pareja de guerrilleros defendió también a sangre y fuego del avance español la zona comprendida entre el norte de Chuquisaca y las selvas de Santa Cruz de la Sierra. El término "guerrillero" que puede sonar setentista, es el que usaba el insospechable de tal cosa hasta por cuestiones cronológicas, general Mitre. En su muy interesante trabajo: "Las guerrillas en el Norte", incluido en su "Historia de San Martín", don Bartolomé describe el sistema de combate y gobierno conocido como las "republiquetas" que consistía en la formación, en las zonas liberadas, de centros autónomos a cargo de un jefe político-militar. Hubo ciento dos caudillos que comandaron igual número de republiquetas. La temeridad de estos jefes revolucionarios y la crueldad de la lucha fue tal que sólo sobrevivieron nueve de ellos. Quedaron en el camino jefes notables, de un coraje proverbial, extraordinarios patriotas como Ignacio Warnes, Vicente Camargo, el cura Ildefonso Muñecas quien redactó una proclama que decía: "Compatriotas, reuniros todos, no escuchéis a nuestros antiguos tiranos, ni tampoco a los desnaturalizados, que acostumbrados a morder el fierro de la esclavitud, os quieren persuadir que sigáis su ejemplo; echaos sobre ellos, despedazadlos, y haced que no quede aun memoria de tales monstruos. Así os habla un cura eclesiástico que tiene el honor de contribuir en cuanto puede en beneficio de sus hermanos americanos".

La historia oficial los ha condenado a ser sólo calles, escamoteándole a la mayoría de los argentinos sus gloriosas historias. Juana lo fue perdiendo todo, su casa, su tierra y cuatro de sus cinco hijos, Manuel, Mariano, Juliana y Mercedes, en medio de la lucha. No tenía nada más que su dignidad, su coraje y la firme voluntad revolucionaria. Por eso, cuando los Padilla estaban en la más absoluta miseria y un jefe español intentó sobornar a su marido, Juana le contestó enfurecida: "La propuesta de dinero y otros intereses sólo debería hacerse a los infames que pelean por mantener la esclavitud, más no a los que defendían su dulce libertad, como él lo haría a sangre y fuego". Juana salvó a su marido que había caído prisionero en febrero de 1814 en una operación relámpago que dejó sin rehenes y sin palabras al enemigo. El 3 de marzo de 1816 Padilla y Juana atacaron al general español La Hera cerca de Villar; allí Juana al frente de treinta jinetes, entre ellos iban varias amazonas, logró detener a los realistas, recuperar fusiles, quitarles el estandarte y cubrir la retirada de su compañero.

Juana fue una estrecha colaboradora de Güemes y por su coraje fue investida con el grado de teniente coronel de una división muy explícita "Decididos del Perú", con derecho al uso de uniforme, según un decreto firmado por el Director Supremo Pueyrredón el 13 de agosto de 1816 y que hizo efectivo el general Belgrano quien debía entregarle el sable correspondiente, pero prefirió brindarle el suyo, el que lo había acompañado en Salta y Tucumán y durante el heroico éxodo jujeño. Tres meses después, en el combate de Villar fue herida por los realistas. Su marido acudió en su rescate y logró liberarla, pero a costa de ser herido de muerte. Era el 14 de noviembre de 1816. Juana se quedaba sin su compañero y el Alto Perú sin uno de sus jefes más valientes y brillantes. Juana siguió peleando junto a los comandantes Francisco Uriondo, el "moto" Méndez y los hermanos Rojas, para alistarse luego nuevamente en las tropas de Güemes. Cuando el "padre de los pobres" fue asesinado a traición en junio de 1821, decidió volver a su tierra. Estaba en Chuquisaca con su hija Luisa y su nieta Cesárea aquella tarde de noviembre de 1825 cuando al abrir la puerta se encontró nada menos que con el general Simón Bolívar, que quería tener el honor de conocerla. Fue un abrazo profundo, con pocas palabras, estaba todo muy claro pero para el Libertador se hizo necesario decir: "esta república, en lugar de hacer referencia a mi apellido, debería llevar el de los Padilla".
Pero más allá de los halagos, Juana seguía en la miseria y no recibía ni la pensión que le correspondía ni los sueldos adeudados por su rango de coronela. Fiel a su historia, tomó la pluma y escribió: "Sólo el sagrado amor a la patria me ha hecho soportable la pérdida de un marido sobre cuya tumba había jurado vengar su muerte y seguir su ejemplo; más el cielo que señala ya el término de los tiranos, quiso regresase a mi casa donde he encontrado disipados mis intereses y agotados todos los medios que pudieran proporcionar mi subsistencia; en fin rodeada de una hija que no tiene más patrimonio que las lágrimas"(2).

Bolívar le concedió a la heroica luchadora una pensión vitalicia de 60 pesos, que fue aumentada por el presidente de Bolivia, Mariscal Sucre, pero que Juana cobraba cada tanto hasta que dejó de cobrarla cuando la burocracia le estaba ganando una de las pocas batallas que le ganaron en su vida. Juana murió en la soledad, el olvido y la pobreza, paradójicamente en una casa en la calla "España" en un humilde barrio de Chuquisaca, el 25 de mayo de 1862.

(1)Carta de Manuel Asencio Padilla al general José Rondeau, en Gumucio Baptista, Otra historia de Bolivia, La Plaza, 1989 (2)Joaquín Cantier, Doña Juana Azurduy de Padilla, La Paz, Ichtus, 1980

Fuente: Libres del Sur

martes, 26 de agosto de 2008

¿Al revés o al derecho?

Ojalá que cuando cobremos los sueldos nos mire desde los billetes esa madre puro coraje, que perdió a su marido y a sus cuatro hijos pero no se rindió. Montó a caballo y dijo: aquí estoy, en el combate por la verdadera libertad. Una mujer heroica. Ni al derecho ni al revés. Entera. (A raiz del proyecto de Cecilia Merchán)

Por Osvaldo Bayer
Desde Bonn, Alemania

¿El mundo al revés o el mundo del revés? ¿El mundo al derecho o el mundo del derecho? Es lo mismo, la cuestión es que el mundo al revés se ha convertido en el mundo del derecho. ¿Anverso o reverso? ¿Cómo? Así de simple. Veamos. Unos ejemplos, apenas. Berlusconi en Italia... que si analizamos su programa se puede sostener hasta con criterio filosófico que ha impuesto la avidez como principio moral. Y con un agregado: egoísmo como precepto. Se aseguró por ley que mientras él esté como jefe de Italia, la Justicia no lo podrá llamar a rendir cuentas. Y esto se debe a que El Matador, como lo llaman, tiene un juicio por coima y lo esperan otros dos, uno por el comercio sobre derechos de televisión y el otro, también por coima a parlamentarios.

Eso, de que la Justicia no pueda actuar mientras alguien esté en el poder, en cualquier código moral no podría existir. En Italia sí, y por voto del Parlamento. ¿Cómo? ¿Acaso el Palacio de Justicia de Roma no tiene la inscripción indiscutible "Ante la ley son todos iguales"? Bien, desde hace unos pocos días y, como dicen los pesimistas: sí, pero hay algunos más iguales que otros.

La coima ya parece ser algo común, habitual, acostumbrado. Encontremos otro término más tierno: familiar. Sí. Por ejemplo, la Justicia alemana acaba de ventilar el juicio por coimas, dineros en negro y otros "usos" en la firma Siemens. Se comprobó que en esa empresa –antes catalogada en el mundo como una de las más honestas y honradas– se emplearon dineros en forma ilegal por una suma de 1,3 mil millones de euros. No, no me equivoco, claro, hay que repetirlo varias veces para poder imaginarse algo así. Es ése, la coima, el proceder que se ha hecho costumbre entre políticos y empresarios. ¿Para qué, para que las licitaciones las gane finalmente aquel que ponga más en el sobre?

Pero ahí no se detiene la inmoralidad del sistema. La misma Siemens anunció que dejará cesantes a 18.000 empleados y obreros. Hay que economizar para abaratar los productos y poder enfrentar a China. Alemania sigue siendo el primer país exportador del mundo, pero se sabe que pasará en el 2009 al segundo lugar. China pasará a ser el campeón mundial de exportaciones en el año próximo. Pero no solamente la competencia es pagada por los de abajo, que quedan sin trabajo. Sino que en el capitalismo mundial se imponen cada vez más los millonarios sueldos de los "managers", de los "ejecutivos". Aquí en Alemania se está discutiendo en forma ya muy agria el "autoservicio" de los altos jefes. Los gremios han denunciado, por ejemplo, que el jefe máximo de la fábrica de autos Porsche ha ganado cien millones de euros en un año. Sí, tal cual, no es un error: cien millones de euros en un año. Lo ha denunciado el ex ministro de Economía Oskar Lafontaine en el Bundestag, acusando al gobierno de incapacidad al no poder frenar el "desvergonzado manejo del autoservicio de los managers empresarios". La avidez como principio moral. Pero no sólo los países ricos. Bulgaria y Rumania acaban de quedar desnudos de la total corrupción que reina en su economía, principalmente en el llamado a licitaciones. Europa los ha denunciado. Pero la pregunta que cabe es: ¿y qué pasa en el resto de Europa?

Llenaríamos páginas enteras trayendo esos casos de corrupción. Pero tal vez basta ya con lo dicho, porque vamos a la otra cara del mundo. Titulares: "Quince millones de hambrientos". En Kenia, Africa. "Dos millones de filipinos viven en cementerios." Es lo único que faltaba: "vivir" en cementerios. Sí. Por falta de techo, en Filipinas la gente ha tomado los cementerios y vive y duerme en los panteones o directamente sobre las losas de las tumbas de la tierra. No hay dinero para viviendas. Las autoridades les permiten eso para calmarlos y para que no salgan a protestar. Los administradores de los cementerios les cobran coimas a los pobres que llegan a vivir allí. Vida en los cementerios. Esas sí que son fantasías de la realidad. Y siempre hay algo en la vida que no se rinde. La crónica señala que los niños de esas familias que se han refugiado allí, juegan y ríen entre las residencias de los muertos.
Pero hay otras fantasías de la realidad más increíbles. Los nuevos multimillonarios rusos compran acciones de las grandes empresas europeas. Es sabido el caso de uno que hasta se ha comprado un club de fútbol de Inglaterra. Las notas sobre el lujo en Moscú de las "clases altas" proliferan en los medios europeos. Uno de los multimillonarios, Wladimir Jewtuschenkow, ha declarado diez mil millones de dólares y vive como la mayoría de los superricos en la Rubljowka-Chaussee, en residencias de un lujo increíble que no se encuentran ni en Washington ni en Londres. Y allí, por supuesto, el paraíso de compras, todos con productos de Yves Saint-Laurent y Gucci, van Cleef y Arpels, y Bulgari, y automóviles Lamborghini, Maserati y Bentley, como lo describe la investigación de Erich Follath y Matthias Schepp. En el barrio de los ricos se realizan fiestas donde se ven "escotes con diamantes en las damas y smoking y relojes pulsera Chopard en los hombres". En la última fiesta se dio a conocer una revista de modas de 567 páginas. Entre los veinte más ricos del mundo ya hay cuatro rusos. Uno de ellos, un antiguo funcionario de la policía política, claro está. Todos están acompañados permanentemente, por guardias de empresas privadas. El escritor Wiktor Jerofejew ha dicho hace poco: "Moscú, de la mamacita de Rusia, se ha convertido en la puta de Babilonia". Pero eso sí, políticos y empresarios concurren a la nueva iglesia cristiano-ortodoxa que ha reabierto sus puertas. Putin se confiesa con el archimandrita Tichon. Como corresponde. Moscú es la ciudad con más crímenes del mundo.

Nuestro mundo. En vez de Kant, Hegel o Mahatma Gandhi, Bush, Berlusconi y Putin, los tres votados por sus pueblos. Pero así como hay niños que juegan en los cementerios, así también existe el mundo que no se rinde. Gestos personales, movimientos que no se conforman, jóvenes solidarios con los que cayeron por ideales. Me acuerdo de una maestra argentina que me señaló hace poco, toda contenta: "Hice quinientos kilómetros por las pampas y pude ver cuatro ombúes". Mientras existan aún ombúes podemos tener esperanzas, me dije. El ombú, ese hijo de la tierra nuestra que cuando niños veíamos que nos seguían en todo el viaje del tren. Hoy vemos soja, soja, soja.

Y alegrías, por ejemplo, de recibir la noticia del proyecto de la diputada cordobesa Cecilia Merchan, de cambiar en nuestros billetes de cien pesos la efigie del genocida Roca por la de la heroína de nuestra independencia Juana Azurduy. Hace tres años propuse el cambio en los billetes máximos de ese general por el de un poeta. Porque me dije: ¿por qué tienen que estar en los billetes sólo personajes políticos o militares y no un poeta? Lo propuse con el fin de que se considerara que lo que más valor tiene en la vida es la poesía. Evaristo Carriego, además, un poeta que supo ver al pueblo en las calles. Pero ahora, apoyo totalmente el cambio del genocida Roca por una mujer bien de la tierra. Por fin, una mujer. Y más, una mujer que luchó de por vida por la independencia y la libertad de los hijos de la tierra y murió en la pobreza y el olvido. Por supuesto, el primero en ponerse en contra de este proyecto limpio y sin intereses creados fue el diario La Nación. Le dedicó un editorial. Claro, así como estuvo en todo momento con la Sociedad Rural en las últimas semanas, así estará siempre con el militar que ganó las tierras para esa Sociedad Rural, con el crimen de lesa humanidad : matar y quedarse con el botín. Como los bucaneros. Veamos cómo se comportan los legisladores esta vez. A ver si todavía desempata Cobos.

Un hecho que habla de nuestra ética como país y como ciudadanos: en estos últimos tiempos los gobiernos tanto de Canadá como de Australia pidieron perdón a sus pueblos originarios por los crímenes cometidos por la invasión europea. Los argentinos, nada. Y eso que fuimos los propios argentinos los que cometieron el crimen más absoluto de nuestra historia, en la llamada Campaña del Desierto de Roca.

Ojalá que cuando cobremos los sueldos nos mire desde los billetes esa madre puro coraje, que perdió a su marido y a sus cuatro hijos pero no se rindió. Montó a caballo y dijo: aquí estoy, en el combate por la verdadera libertad. Una mujer heroica. Ni al derecho ni al revés. Entera.

Fuente: LIbres del Sur